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Drazen Petrovic
 
Drazen Petrovic
 
"Era una emoción jugar contra Drazen. Siempre que nos enfrentábamos, él competía con una actitud agresiva. Venía hacia mí tan duro como yo iba hacia él. Tuvimos algunas grandes batallas en el pasado y, desafortunadamente, fueron pocas batallas”. 
Michael Jordan
Drazen Petrovic

“Mozart” o “El genio de Sibenik” son algunos de los apodos favorables que recibió a lo largo de su carrera. Luego en cada cancha ya se encargaban de colocarle algunos no tan favorables en cuanto veían que, entre gesto y gesto hacia la grada, el rebelde chico de rizos ya sobrepasaba cómodamente los 40 puntos.

El 7 de junio de 1993, en una autopista cercana a Múnich, un genio del baloncesto de 28 años perdía la vida en un accidente de tráfico. Han pasado 15 años de aquello, y aún en el recuerdo de mucha gente ese día es triste: se fue Drazen Petrovic, pero comenzó su mito.

Como una estrella del rock, como un Mozart del baloncesto, así es recordado el jugador croata Drazen Petrovic. Un talento desbordante y el precursor de la incursión de los jugadores europeos en la NBA. Gasol, Calderón, Kukoc, Nowitzki y todos los demás que triunfan o triunfaron en la liga americana le deben mucho a Petrovic. Él fue el primero en barrer los prejuicios que existían hacia los jugadores que venían del viejo continente y de otro baloncesto. Ahora las diferencias entre la NBA y las Ligas Europeas no son tan abismales, pero cuando Petrovic pisó Portland por primera vez, muchos pensaron que había llegado un palurdo desgarbado que jugaba a otro deporte. Luego les daría lecciones a casi todos.

Entre las personas que tuvieron el placer de verle jugar, sólo hay dos opiniones, sus aficionados le adoraban y sus rivales le odiaban. Jugador de grandísima clase y provocador hasta las últimas consecuencias. Si jugaba contra ti era imposible no tenerle tirria, no sólo porque hiciera polvo a tu equipo, sino porque era maleducado en la cancha como ningún otro. Eso sí, así era su actitud dentro de la pista, fuera dicen que era todo lo contrario.

Cuando era un niño se pasaba 7 horas a solas con su balón de básket. Su vida entera fue lucha, esfuerzo y trabajo, sólo vivía para el baloncesto. Amaba el baloncesto mucho más que cualquier otro jugador que lo ha jugado. Petrovic dijo sentirse miserable cuando no podía jugar ni entrenar. Comenzó su vida deportiva en el equipo de su ciudad natal, el Sibenka, que pronto se le quedaría pequeño, pasando a jugar en la Cibona de Zagreb. En este equipo lo ganaría todo, incluyendo dos Copas de Europa (años 85 y 86), una recopa (87) y dos ligas Yugoslavas hasta que fichó por el Real Madrid en 1988. Promedio 37,7 puntos por partido en los 4 años que paso en la Cibona. Fue nombrado 4 veces jugador del año en Croacia y logró un record increíble, impresionante para cualquier jugador de baloncesto: anotar 112 puntos contra el Smelt Olimpija esloveno en 1985, con un 40 de 60 en tiros de campo. En 1988 ficharía por el Real Madrid y la afición blanca pasó de odiarle a venerarle. Ese año conquista la copa del Rey y la Recopa de Europa en una final inolvidable en la que anota 62 puntos. Sin embargo, le queda la espina clavada de no poder ganar la liga ante el Barcelona que ganó 3-2 en la serie final a 5 partidos, ya que esa misma temporada se marcha a la NBA.

Cuando se incorporó a los Portland Trail Blazers, campeones de la Conferencia Oeste en 1989 y que contaban con el escolta miembro del Equipo de las Estrellas Clyde Drexler, Petrovic tuvo que adaptarse a su nueva función y superar una operación de espalda. Promedió sólo 12,5 minutos en cancha y 7,6 puntos por partido, pero las estadísticas de Petrovic no tenían peso comparadas con la dedicación y el talento que evidenciaba en las prácticas y que le valieron el respeto de sus entrenadores y compañeros de equipo. Cuando los Blazers acordaron el traspaso del escolta de 1,96 m. a los New Jersey Nets en enero de 1991, Drexler predijo grandes cosas para el nativo de Croacia.

“Les repito, en dos años, este chico va a estar en el equipo de las Estrellas del Este,” declaró Drexler. “Se lo aseguro. Nunca antes había visto a alguien tirar como él lo hace, o trabajar tan duro.”

Drexler tenía razón. Si bien Petrovic finalmente no fue tenido en cuenta para tales honores, aceptó con gusto este nuevo comienzo con los Nets y estaba decidido a demostrar al público de Estados Unidos lo que sus seguidores en su país natal estaban extrañando. Su manera obsesiva de practicar se incrementó aún más y su objetivo de fortalecerse se tradujo en 9 kilos de músculos adicionales. Los beneficios no tardaron en aparecer. En la primera temporada completa con los Nets, el promedio de Petrovic se disparó a 20,6 puntos por partido con un porcentaje de tiro de 50,8% en casi 37 minutos de juego. Y ya nunca abandonó su protagonismo deleitando a todos con su dominio del bote, sus fintas y su puntería de francotirador. En la cancha el miedo no existía para Petrovic y se enfrentaba a sus oponentes sin importar si su apellido era Jordan, Barkley, Bird o Johnson. Recordemos que Drazen jugó en la época más brillante y dorada de la NBA, pero la palabra intimidación no existía en su vocabulario, ni en inglés ni en croata. Y así lo demostró en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, en los que llevó a Croacia a la medalla de plata, perdiendo la final contra el mítico Dream Team. Este éxito no hizo más que despertar el apetito de Petrovic, sentando las bases para su mejor temporada en la NBA, la 92-93. Drazen promedió 22,3 puntos con un 51,8 por ciento de eficacia en sus tiros, incluyendo un 44,9 desde la línea de tres puntos, donde destacaron sus habituales lanzamientos en arco desde bien lejos de la línea de tres puntos. Petrovic había triunfado por juego y estadísticas, y tendría que haber formado parte del Equipo de las Estrellas de esa temporada, pero eso era demasiado para los americanos. En compensación por tan injusta exclusión, le ofrecieron participar en el concurso de triples, pero Petrovic, fiel a su orgullo, declinó la propuesta. La prensa no dejó pasar sus logros y votó para incluirlo en el Tercer Equipo de Estrellas de la NBA. Justo cuando su carrera en la NBA comenzaba a tomar vuelo, llegó la tragedia. Transcurridas menos de dos semanas luego de ser reconocido como uno de los 15 mejores jugadores en la NBA, Petrovic falleció. Fue incluido en el Basketball Hall of Fame el año 2002.


 

 
 
     
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