Michael Johnson

DATOS RELEVANTES

Mimado por la IAAF

- En Atlanta'96, la organización accedió a cambiar los horarios de 200 y 400 para que pudiera participar en ambas pruebas. 

- A pesar de no haberse clasificado para Sevilla'97, el presidente de la Federación Internacional, Primo Nebiolo, se "inventó" las invitaciones a los campeones.

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Michael Johnson

Ha brindado al mundo del atletismo varias de las jornadas más gloriosas de su historia. Cinco años después de su retirada, la "Locomotora" sigue en poder de dos récords del mundo y es el único que ha ganado 200 y 400 metros en unas mismas Olimpiadas y Campeonatos del Mundo.

puntuación media

En un deporte con tantas especialidades distintas y con tanta historia como el atletismo, es prácticamente imposible determinar quién ha sido el mejor de la historia. Pero, sin duda, Michael Johnson estaría entre los finalistas a este premio virtual. Con su particular manera de correr, que le valió varios disgustos cuando era joven y desconocido, y su impresionante físico, se ganó ser parte de la historia del deporte consiguiendo hitos jamás alcanzados por otro atleta. Rompió con el estereotipo de que un corredor de 200 metros no podía correr también los 400, sólo se podían correr 100 y 200 a la vez. Pero Johnson no sólo demostró que eso no era cierto, sino que asombró al mundo entero con sus tiempos.

Michael Johnson nació en el seno de una familia humilde en Dallas, Texas. Sus padres, un camionero y una maestra, se habían conocido practicando atletismo en el instituto y su sueño era que alguno de sus cinco hijos siguiera sus pasos. No tuvieron suerte con los cuatro primeros, que no se aficionaron al deporte rey. Pero el quinto, Michael, no sólo seguiría sus pasos, sino que acabaría siendo uno de los mejores atletas de la historia. Se dice que heredó de sus padres el sentido calculador y metódico. Los cinco hermanos Johnson, eso sí, obtuvieron una graduación universitaria, como era deseo de sus padres -Michael se graduaría en 1990 en Marketing y Negocios-. Cuando era joven no destacaba en la pista. Compatibilizaba el fútbol americano con el atletismo, pero era superado por sus compañeros con asiduidad.

Entrar en la Universidad de Baylor, en Waco, cambió él rumbo de su vida. Allí conoció al que siguió siendo su entrenador toda su carrera, Clyde Hart. Con él, Johnson aprendió a centrarse en su trabajo, a sobrevivir bajo presión y superar la dureza de un calendario universitario cargado de competiciones. Su progresión fue impresionante. En poco tiempo, ya rondaba los 20 segundos en los 200 metros y se convirtió en el número uno de la distancia a nivel universitario. Se ganó el apodo de "El expreso de Waco". Entró en Baylor porque otras universidades no le habían concedido una beca. Consideraban que su estilo de correr no se adecuaba a los cánones tradicionales. El mísmisimo Carl Lewis le bautizó como "el correcaminos de la Warner" por su corta zancada. Poco imaginaba el "Hijo del Viento" que Michael Johnson llegaría tan lejos. Pero la realidad es que su corta zancada actuaba como molinillo y lo hacía a una frecuencia altísima. Esto unido a su peculiar morfología y a un bajísimo centro de gravedad, le permitía luchar contra la fuerza centrífuga en la curva del 200. Además, su especialísima forma de correr, prácticamente de puntillas y con el tronco totalmente erguido, empezó a darle grandísimos resultados.

Sus andanzas en las primeras grandes competiciones en que tomó parte estuvieron plagadas de contratiempos. Una fractura en la pierna le impidió participar en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988. Una vez recuperado, entre 1990 y 1992, arrasó en 200 y 400, siendo el mejor del año en ambas pruebas. Llegó a Barcelona con la vitola de favorito, nadie dudaba de su triunfo. Pero una intoxicación por ingerir marisco días antes de la prueba, le impidió participar a su máximo nivel, quedando fuera en las semifinales. A pesar de todo, pudo participar en el relevo de 4x400 junto a Andrew Valmon, Quincy Watts y Steve Lewis. El relevo norteamericano logró el oro y batió el récord mundial con un tiempo de 2'55''74.

Su supremacía en 200 y 400 metros fue incontestable a mitad de los años 90. En 1995, en los mundiales de Göteborg, Suecia, ganó el oro en ambas pruebas, algo que nadie antes había logrado. Además, sumó un nuevo oro en el relevo largo. Pero Johnson ansiaba más, quería la gloria olímpica que no había podido conseguir en Barcelona. Los Juegos Olímpicos de Atlanta'96 fueron sus Juegos. Calzando unas novedosas zapatillas doradas que dieron mucho que hablar, el atleta tejano volvió a batir todos los registros. Nadie había ganado nunca el oro en 200 y 400 en los mismos Juegos, pero Michael Johnson rompió ese mito y lo consiguió con una actuación memorable. En la final de 400 batió el récord olímpico con un crono de 43''49. Pero lo que de verdad le elevó al olimpo atlético fueron sus carreras de 200 metros. En semifinales, su 19''66 batía el récord más antiguo que quedaba en el atletismo, el de Pietro Mennea en 1979. Pero en la final se superó. Consiguió un alucinante 19''32, superando su récord y obteniendo el calificativo de "extraterrestre". En 1997 lograría su tercer trono mundial consecutivo de los 400, recibiendo por cuarta vez seguida el Trofeo Jesse Owens. En el año 96 había sido escogido mejor atleta del mundo.

A pesar de de haberlo conseguido casi todo, Johnson no tenía suficiente. El reto olímpico ya estaba conseguido, pero se había dejado algo en el tintero. Algo que le obsesionaba. Era el récord de los 400 metros, en poder de Harry "Butch" Reynolds, con un crono de 43''29 logrado en 1988. Estuvo dos años preparándose casi en exclusiva para batirlo, algo que conseguiría en los Campeonatos del Mundo disputados en Sevilla en 1999. La final de 400 de aquellos mundiales se convirtió en una de las mejores de la historia. La "locomotora", como le llamaban hacía tiempo, consiguió un tiempo impresionante de 43''18, dejando a más diez metros al segundo clasificado, Sanderlei Parrela, algo sin precedentes. Sumaría otro oro en la prueba de 4x400. Ese año volvería a ser escogido mejor atleta del año.

A pesar de que se retiró en 2001, su verdadero adiós de la alta competición tuvo lugar en Sydney, en el año 2000. Allí revalidó su supremacía y logró otros dos oros olímpicos, para un total de cinco, en 400 y 4x400. Se retiró con la mejor marca del año en 200 y 400 como diciendo en voz alta que se iba, pero que lo hacía sin tener rival. A lo largo de sus años de carrera, Michael Johnson demostró tener mucho carismo pero también una personalidad muy pronunciada. Hubo quién le tildó de soberbio. Esa soberbia fue la que le hizo "ganarse" enemigos irreconciliables como Maurice Green, con quien mantuvo una gran polémica por la supremacía en los 200 metros. Pero, a pesar de todo, la imagen de Michael Johnson continúa en lo más alto del mundo del atletismo, y seguirá estándolo muchos años más sino para siempre.

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