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Kid Pambelé
El Ídolo caído En una noche espesa del trópico panameño, un vendedor ambulante de pescado iba a lograr que todo un país se sintiera al fin orgulloso de su identidad. En aquel 28 de octubre de 1972, el Colombiano Antonio Cervantes, “Kid Pambelé”, se iba a proclamar Campeón Mundial de boxeo en la categoría de las 140 libras. Colombia estaba paralizada, su humilde boxeador era el nuevo Campeón del Mundo en el peso superligero y se convertía en el héroe de toda una nación. Hasta 1979 Kid Pambelé defendería su título con éxito en 10 ocasiones, embadurnando de arte y furia el cuadrilátero, midiéndose a los mejores boxeadores del momento y haciendo vibrar a un país huérfano de gestas. Como un héroe, fue el reclamo de varias marcas publicitarias y se codearía con la alta sociedad y las reinas de belleza. Ingresaría en el Salón de la Fama de Los Ángeles y se ganaría el mérito de ser considerado el mejor boxeador de la historia en su categoría.
A día de hoy, en lugar de aparecer en las primeras páginas de los periódicos deportivos internacionales, las precarias secciones de noticias breves son las que anuncian que el ex campeón mundial apuñaló a un taxista y que terminó preso en una cárcel o que bajo los efectos del alcohol y las drogas armó un escándalo en un club de barriada. Extraños lo observan contrariados por las calles de Palenque, su barrio natal y primer lugar de Suramérica en donde los esclavos negros se revelaron. Allí mismo deambula el prodigioso Kid Pambelé malviviendo de la pensión que le facilita el Estado y oteando el rastro de una maldita gloria ya pasada.
Su vida es la vida del boxeador de novela negra, una famélica infancia como vendedor ambulante de pescado en San Basilio de Palenque, una adolescencia como contrabandista en la ciudad de Cartagena de Indias, una juventud en un país asombroso y de contrastes, en donde la belleza insoportable del paisaje y la arquitectura colonial debe hacer frente a plagas de cucarachas grandes como una mano o a ratas capaces de devorar a un perro. Como no podía ser de otra forma, Kid Pambelé fue menospreciado en sus inicios como boxeador, siendo utilizado velada tras velada sólo como relleno de carteleras. Su partida a Venezuela a finales de 1968 y su admisión en el gimnasio de Ramiro Machado, lo cambiaría todo. El fantástico entrenador “Mago Melquíades” labraría el diamante en bruto que cayó en sus manos. Su técnica y su táctica boxísticas, tan exquisitas como eficaces, lo llevarían a la gloria en 1972 y a su descenso al infierno en 1980. Un viaje en el que arrastró consigo a sus familiares e hijos, y que impartió una lección sobre la fragilidad de las personas. Sus accesos de ira, sus escándalos públicos y sus delirios de eterna grandeza, pero también su bondad y generosidad con el pueblo, fueron el reflejo preciso de todo lo que ocurría en su país. Los aficionados aún discuten quién fue el responsable de la caída de su ídolo, unos culpan a las malas amistades, otros a las drogas, otros a los dólares, o a sus orígenes humildes. Probablemente, todos tienen parte de razón.
La vida de Kid Pambelé no fue la primera historia triste del boxeo y tampoco será la última que oigamos sobre este deporte tan bello y noble como desgraciado.
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